El Miedo a la Libertad – Erich Frömm


La relación individuo – sociedad es de carácter dinámico. Las inclinaciones, las energías… humanas resultan del proceso social. La naturaleza humana es el producto de la evolución tanto biológica (inherente al individuo) como social y cultural.

El problema es que el hombre, cuanto más gana en libertad, entendiendo libertad como la aparición del individuo alejado de su primitiva unidad con los demás y la naturaleza, y cuanto más se “transforma en individuo”, tanto más se ve en el dilema de unirse al mundo a través del amor y del trabajo creador, o bien buscar alguna forma de seguridad. Al buscar dicha forma de seguridad es cuando el hombre acude a ciertos vínculos que destruirán la anhelada libertad y la integridad de su “yo” individual.

Fromm afirma que la existencia humana y la libertad son inseparables desde un principio. El término de libertad que está usando aquí es el de libertad negativa, es decir, la huida de la determinación por los instintos sobre la acción. El hombre es, en este sentido, más débil que el resto de los animales (que poseen unos instintos muy desarrollados), y sin embargo, esta inhabilidad es el factor que propicia el desarrollo de la cultura. De ahí la ambigüedad del término.

Inicialmente, el bebé humano posee unos instintos que le unen a su madre; también, en las sociedades primitivas el individuo está muy unido al clan. Es decir, en las primeras etapas de la vida hay una necesidad de seguridad y orientación que implican una falta de individualidad. Posteriormente, sucede el proceso de individuación por el cual la persona va desarraigándose de sus vínculos primarios. Cuando lo consigue, debe encontrar la orientación y la seguridad que necesita mediante procedimientos diferentes a la etapa preindividualista, pues ya no es posible volver a unirse a los vínculos primarios.

EGOISMO – AMOR – INDIVIDUALISMO . ¿Cómo conciliar el espíritu del protestantismo y su exaltación de desinterés con la moderna doctrina del egoísmo? El hombre moderno cree que sus acciones están motivadas por el interés personal, pero en realidad dedica su vida a fines ajenos a su persona. De este modo, se produce la alineación de la persona. Fromm no cree que el desinterés constituya una ideología destinada a encubrir el egoísmo.  Para Fromm, el egoísmo no es idéntico al amor a sí mismo, sino a su opuesto. El egoísta no quiere ni a los otros ni a sí mismo. El egoísmo está fundado en la carencia de autoafirmación y amor hacia el yo real. El yo en cuyo interés obra el hombre moderno es el yo social. El egoísmo representa la codicia originada por la frustración del yo real, cuyo objeto es el yo social.

MECANISMOS DE EVASIÓN. Durante varios siglos se ha mantenido la idea de individualidad, con pensamientos, sentimientos, conciencia moral, libertad y responsabilidad individuales como ideal humano, pero con la individualidad viene la soledad y la alineación, haciendo que la libertad sea difícil de obtener y cuando la tenemos tendemos a alejarnos de ella. El sentido que tiene el miedo a la libertad es el tener más seguridad, tener las certeza de controlar las consecuencias y tener seguridad ante el futuro. Fromm describe tres maneras en las que podemos escapar de la libertad: Autoritarismo, Destructividad y Conformidad Automática.

  • Autoritarismo Consiste en la tendencia a abandonar la independencia del yo individual para fundirse con algo exterior a uno mismo, con el fin de adquirir la fuerza de la que el yo individual carece.
  • Destructividad Consiste en la eliminación del objeto que produce el sentimiento de impotencia: “Si destruyo el mundo, nada puede hacerme daño”. Brutalidad, vandalismo, crimen, terrorismo… La autodestrucción es la consecuencia de la destrucción frustrada. Alcoholismo, suicidio, drogadicción… El grado de destructividad de cada persona es proporcional al grado en que se halle disminuida la expansión de su vida.
  • Conformidad Automática El individuo deja de ser él mismo: adopta la personalidad que dictan las pautas culturales. La discrepancia entre el yo y el mundo desaparece. Si pensamos, sentimos y deseamos como el resto de la sociedad, entonces desaparecemos entre la masa de gente y no necesitamos hacer acopio de nuestra libertad o tomar responsabilidades. Sustituimos entonces nuestros pensamientos, sentimientos y voliciones originales pro pseudopensamientos, pseudoemociones y pseudovoliciones, lo que conduce a sustituir por tanto nuestro yo por un pseudoyó.

LIBERTAD Y DEMOCRACIA. Creemos que al no estar sujetos a ninguna autoridad externa y al ser libres de expresar nuestros pensamientos y emociones, hemos logrado la individualización y gozamos de plena libertad. Esto tendría sentido si estos pensamientos y emociones que expresamos libremente fueran propiamente nuestros.

Desde niños se nos educa a pensar y a experimentar sentimientos que no nos pertenecen y si la educación no lo consigue, lo harán las normas sociales. En nuestra sociedad se desaprueban en general las emociones, pero como éstas no van a desaparecer se nos ofrece a cambio el sentimiento barato del cine y de las canciones populares. Esto ocurre con nuestros pensamientos originales, con el sentido de lo trágico (muerte), con el sexo… En la educación se prepara al individuo para modelar su carácter de modo que se aproxime al carácter social: que sus deseos coincidan con las necesidades propias de su función. Según Fromm las ideologías y la cultura se hallan arraigadas en el carácter social. La función subjetiva del carácter para una persona normal es la de conducirlo a obrar conforme a lo que es necesario en la praxis y a experimentar una satisfacción psicológica derivada de su actividad. La libertad positiva consiste en la actividad espontánea de la personalidad total integrada. La realización del yo puede alcanzarse por la expresión activa de sus potencialidades emocionales e intelectuales eliminando la divergencia entre razón e instinto. Así, el hombre superará el aislamiento y obtendrá seguridad sin sacrificar su identidad, pues se transforma en parte del mundo de un modo estructural y entiende el significado de la vida que es el mero hecho de vivir, no necesita más ilusiones. Por lo tanto, no existe poder superior al del yo individual, lo cual no implica negar la dignidad de las ideas, ya que éstas son la expresión articulada de la suprema afirmación del yo.

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